Lopez Guil, Itzíar

 

Lopez Güil, Itziar

 

Itzíar López Guil (Madrid 1968) ha publicado los poemarios Del laberinto al treinta (Madrid, Visor, 2000) -galardonado con el XXI Premio Internacional de Poesía “Ciudad de Melilla”- y Asia (Madrid, Biblioteca Nueva. 2011). Reside en Zurich, en cuya Universidad ejerce su labor docente e investigadora como Catedrática de Literatura Española.

 

Valores Nominales

Poema de Itziar López Guil

En: Valores Nominales (Madrid, Ediciones de la Discreta,2014)

 

CIERRE DE OPERACIÓN

Naces fuera del mapa y corres

año y medio, como un loco, sur- cando la malaria y la guerrilla,

hasta un punto con nombre y

con historia. No eres el primero

que se arriesga. Tampoco eres el

último en llegar.

Por eso hay una valla y vigilancia.

Por eso, cara a cámara enfrenta-

dos, se afilan el alambre y el

ingenio.

Nos dice el reportero en las noti-

cias que un salto es la medida de

tu fe.

Y allí vas, soñador, por la pantalla,

con la tiza del hambre entre los

dientes, tratando de trazar tu cru-

cecita en la pizarra oscura del

progreso.

“Cierre de operación” está dedicado a los hombres y mujeres que saltaron la valla de Melilla en 2005 y 2006, y fueron deportados sin agua y sin comida en el desierto por el gobierno de Marruecos, con la complicidad del de España. A quienes han muerto en el intento. A quienes esperan ocultos en los bosques marroquíes.

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PATERAS

Fronteras avanzadas

en la carne

destinos

que nadie asume

hambre

que la resaca

desnuda de muerte

costa adentro

(En: Del laberinto al treinta, Madrid, Visro, 2000)

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B.P.A. (Beneficio Por Acción)

Otra vez se derrumba en el estrecho

el corazón del mar. Con la metralla

de su voz, limpia el sable y la batalla

termina. Sal. Silencio sobre el techo

de espuma. Ha cesado su fatiga

tras la última ola. Un asiento

en Londres grita y crece en cumplimiento

de la ley (que lo ampara). Es auriga

bursátil, un experto en vender balas.

Y se ríe a mandíbula batiente

al ver que baja el trigo en varias salas

después de que él vendió. “Otro expediente

de oro”, piensa. Y pela unas cigalas

mientras hace que suba la simiente.

(De Esta tierra es mía, poemario inédito)

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GURUGÚ

Su altura

brotaba de los labios de mi abuela

como una mano amenazante,

sanguinaria, que podía trizar nubes

y sol,

ser techo del mismísimo planeta.

Pero es un monte tupido, nada más.

Y lo único que en él hoy clama al cielo

son las vidas que ampara entre sus ramas.

Tantas mujeres y hombres relegados

a la piedad de un corazón de tierra.

(De Esta tierra es mía, poemario inédito)

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ÁFRICA LÓPEZ (S.A.)

Cuando el mundo no era sino tierra buscando su lugar en los océanos, dos fragmentos se unieron en T y entonces nació África.

Y, de una falla enorme entre volcanes, salieron unos tipos muy erguidos, soñando con vivir en otro espacio que en su marchita selva. Batiendo pies y remos sin respiro, llegaron muy al norte, justo aquí.

Pasado mucho tiempo, decidieron bajar de nuevo al sur. Sacaron de sus casas a los otros, a los que no se habían ido antes, y luego los vendieron en mercados, poniendo el mar por medio.

Después se declararon guerra a muerte, y con la paz se repartieron África, trazando casi a escuadra sus fronteras nombrando sus países.

La lumbre reventaba y se apartaron. Sin quemarse. Y aún la atizan fuerte, aunque a distancia, para que no se extinga.

Los que huyen chamuscados en cayucos se ahogan en la costa o el estrecho, y salen en la tele y los diarios. De esos sí sabemos.

Pero el África viva es una incóg-nita.

Es cuanto sé decirte de tu nombre. De tu apellido sé más, desde luego, aunque esa es ya otra historia.

(De Valores nominales)